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Aunque voy a hablar de cubatas no soy camarero, ni barman, que suena más “cool”. Personalmente prefiero a los camareros, ahora entenderéis por qué.
Con las inversiones ocurre lo mismo que con las copas. El misterio, la rentabilidad, está en el alcohol. Sin embargo, hay que rebajarlo. Si no, es posible que acabes tumbado a la segunda copa y no llegues al final de la noche. El caso es que todos tenemos un amigo que bebe y bebe, pero nunca cae.
Con las inversiones ocurre algo similar. Cuanta más renta variable incluyas en tu cartera más rentabilidad, más diversión. Pero hay un riesgo.
Aunque el mercado es alcista de vez en cuando hay algún bache y si no eres como ese amigo que bebe y bebe, pero nunca cae es posible que te asustes. Si eso pasa, seguramente vendas todos tus activos por miedo y pierdas capital. En cambio, si aguantas, el mercado antes o después acaba subiendo.
Por qué digo que los camareros me gustan más que los bármanes
Cuando pienso en un camarero pienso en aquel hombre que te pregunta: ¿hasta donde te la lleno? Cuando pienso en un barman se me viene a la cabeza alguien que te pone la cantidad “adecuada”. Sin embargo, eso depende de cada persona.
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Lo pillo, pero ¿cuánta renta variable debo incluir en mi cartera? Tanta como puedas tolerar.
Las dos líneas de arriba son la renta variable (pequeñas y grandes empresas), las dos de abajo la renta fija (letras del tesoro y bonos del estado). El histórico de la renta variable ha estado entre un 10% y un 12% de ganancia. El de la renta fija entre un 3,4% y un 5,6%.
Si eres capaz de tolerarlo y tienes el suficiente tiempo para esperar ante una caída, cuanta más renta variable mejor.

No olvides que cada inversor es único, y lo que funciona para uno puede no ser lo ideal para otro. Por eso, te animo a explorar más sobre el tema en nuestro blog,

Soy Guillermo Villar, titulado por CAF como asesor financiero, experto en seguros de nivel 2 por ICEA y certificación en LCCI.
Me considero un profesional de las finanzas, pero lo que realmente me apasiona es conseguir objetivos, los de las decenas de clientes que ya confían en mí. Me enorgullece pensar que cuando alguien disfruta de unas vacaciones, de su jubilación o de su nueva vivienda he tenido algo que ver.

