Depósitos: los principales inconvenientes y alternativas mejores

riesgos de los depósitos

Uno de los productos de ahorro favoritos de las familias, pero también de las entidades de crédito, son los depósitos bancarios. De hecho, cerca del 40% del capital de las familias españolas se destina a los depósitos a plazo.

¿Qué es un depósito bancario?

En los depósitos bancarios, entregas una cantidad concreta al banco durante un tiempo estipulado de antemano. Una vez transcurrido el plazo, la entidad devuelve el dinero al cliente junto a la rentabilidad pactada.

En otras palabras, el depósito a plazo actúa como un pequeño préstamo que el cliente hace al banco, y con el que recibiese cambio un interés. Ese interés se paga normalmente al vencimiento del depósito, aunque en depósitos a muy largo plazo puede abonarse de forma anual. Considerados como una de las formas de ahorro más seguras del mercado, los depósitos bancarios están cubiertos por el Fondo  Garantía de Depósitos (FGD) hasta un importe máximo de 100.000 €por cada titular y entidad en la que se deposite la cuantía. Esa es una de las razones por las que son tan populares y una de sus pocas ventajas.

Otra de ellas es que conoces de antemano la rentabilidad que vas a obtener. Ahora lo entenderás mejor.

Cómo funciona la rentabilidad en un depósito a plazo

Si algo caracteriza a un depósito es la transparencia. Salvo con los depósitos estructurados (huye de ellos), sabes perfectamente las condiciones del acuerdo, desde el plazo hasta la rentabilidad y las condiciones para recuperar tu dinero antes de tiempo.

En este sentido, calcular la rentabilidad de un depósito es muy sencillo. Normalmente, bastará con multiplicar el capital invertido por el interés para obtener el resultado. Por ejemplo, si inviertes 10.000 € a un 2%, al final obtendrás 200 € de beneficios antes de impuestos.

Como ves, algo muy fácil, pero que no aprovecha el interés compuesto y, por lo tanto, no es la mejor solución para invertir a largo plazo.

Además, esta rentabilidad de los depósitos está muy vinculada al plazo y a los tipos de interés del dinero. Cuando los tipos son elevados, su rentabilidad aumenta y cuando baja, se reduce.

Del mismo modo, cuanto mayor es el plazo del depósito, mejor es su rentabilidad. Y es que, bloquear tu dinero durante más tiempo, exige una rentabilidad mayor. La excepción a la norma se produce cuando el banco prevé que los tipos de interés bajen. En ese caso, podría recortar el rendimiento que ofrece en los depósitos a largo plazo.

Por último, otra ventaja de los depósitos es su sencillez de contratación, sin apenas papeleo ni test de idoneidad.

A esto se añade que tienes muchos plazos donde elegir. Puedes contratar desde a tres meses a cinco años, aunque los plazos más habituales son entre 9 y 24 meses.

Principales desventajas de los depósitos bancarios

La seguridad de los depósitos tiene un precio que se llama rentabilidad. Ese es uno de los inconvenientes de este producto de ahorro. Ahora repasaremos todos.

Rentabilidad limitada

Los depósitos son muy poco rentables. Su rendimiento apenas superará el 2% en el mejor de los casos, incluso con los tipos por encima del 3%. Según los datos del Banco de España, la media está en el 1,5%, y eso que venimos de un entorno de tipos de interés elevados.

En definitiva, que el porcentaje es muy inferior si se compara con el de otros productos a largo plazo

Tu dinero pierde valor real

La mayoría de depósitos no superan la inflación. En consecuencia, tu dinero pierde valor año a año.

Para que lo entiendas mejor, si la inflación es del 4% y tu depósito te está dando un 3% de rentabilidad, el valor real de tus ahorros será menor después de un año. En concreto, habrás perdido un 1% de poder adquisitivo.

No aprovechan el interés compuesto

Otro de los inconvenientes de los depósitos bancarios es que no aprovechan el poder del interés compuesto.

Los intereses generados no se reinvierten y no se produce el ‘efecto bola de nieve’. En el caso de un depósito, cada vez que venza el plazo contratado, recibirás el dinero más los intereses, pero habrá que volver a empezar.

¿No te queda claro? Aquí puedes ver la diferencia entre el interés simple y el interés compuesto.

Fiscalidad poco ventajosa

Tampoco se queda atrás el hándicap de la fiscalidad. Con un depósito tributarás cada año al recibir el rendimiento del producto.

De media, Hacienda se queda entre un 19% y un 28% de la rentabilidad, ya que los depósitos son un producto con cero diferimiento fiscal, es decir, no retrasan el pago de impuestos como sí hacen otros productos (como fondos de inversión o los PIAS).

No permite invertir de forma periódica

La inversión periódica es una de las mejores formas de sacar partido a tus ahorros. Gracias a ella puedes invertir el dinero que ahorras cada mes y ver cómo tu patrimonio crece.

Los depósitos no están pensados para invertir de forma periódica. Suelen tener mínimos de inversión elevados y no permiten aportar más dinero una vez lo contratas. Son algo así como un producto de aportación única.

Ni recuperar tu dinero cuando quieras

Los depósitos son un producto poco líquido. Esto quiere decir que no podrás recuperar tu dinero en cualquier momento. En el peor de los casos, tendrás que esperar hasta el vencimiento del depósito.

¿Y en el mejor? Podrás acceder a él en cualquier momento, pero pagando una penalización o sin recibir ningún tipo de rentabilidad. Sería como haber prestado tu dinero gratis al banco.

A esto se une que tampoco permiten disposiciones parciales. Solo puedes rescatar el importe tota.

Por todo eso, los depósitos no son el mejor producto para invertir a largo plazo. Es más, ni siquiera lo son para tener el dinero de tu fondo de emergencia. Si quieres hacer crecer tu dinero, lo que necesitas es un plan de ahorro.

Alternativas a los depósitos

Si no puedes invertir en un depósito, ¿dónde puedes poner tu dinero? Hay varias opciones, pero estas son las más interesantes:

Cuentas remuneradas

Si lo que buscas es algo parecido a un depósito, pero con algo más de liquidez, las cuentas remuneradas pueden ser una alternativa válida. No solucionan muchos de los problemas de los depósitos, como la fiscalidad o el foco en el corto plazo, pero por lo menos no tendrás tu capital bloqueado.

Esa sería la única ventaja real sobre los depósitos.

Fondos monetarios y de renta fija

Otra alternativa a los depósitos a plazo son los fondos de inversión. Si buscas fondos de carácter conservados, puedes optar por fondos monetarios o de renta fija.

Los fondos sí tienen diferimiento fiscal y aprovechan el interés compuesto. Sin embargo, fondos de corte muy defensivo no te permitirán obtener una rentabilidad adecuada a largo plazo.

Una alternativa eficiente: PIAS

Los PIAS o Plan de Ahorro Individual Sistemático son una opción más adecuada para poner tu dinero a trabajar.

Un PIAS es un producto flexible, adecuado para todo tipo de plazos de inversión y perfiles. Hay PIAS para el dinero que puedas necesitar a corto plazo y otros para invertir a largo plazo. También los hay para perfiles conservadores y para los más arriesgados.

Una de las ventajas de los PIAS es que funcionan de forma automática. Una vez lo contratas, el propio PIAS se encargará de girar un recibo con tu ahorro mensual sin que tú tengas que hacer nada.

A esto se une una fiscalidad ventajosa, con diferimiento fiscal y ventajas a la hora de recuperar el dinero para pagar menos impuestos. Y, por supuesto, liquidez absoluta para recuperar tu dinero cuando quieras, uno de los problemas de los depósitos.

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Soy Javier Hidalgo Criado un apasionado de las finanzas, la planificación familiar y el mercado financiero. Titulado por EFPA como asesor financiero europeo, experto en seguros de nivel 2 por ICEA y certificación en LCCI. He trabajado en banca privada, de inversión y en empresas intermediarias como bróker, obteniendo una visión moderna y muy comprometida con la economía personal, familiar y profesional, priorizando el asesoramiento personalizado y enfocado a las personas.

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